domingo, 6 de mayo de 2012

Inteligencia Emocional y Enfermedad

Inteligencia emocional y enfermedad

Consulta de Coaching y Psicoterapia (Gestalt, PNL, Hipnosis Ericksoniana…) en Sabadell. 


Cada vez más se atiende al aspecto emocional de las enfermedades de aparente origen físico, en este sentido las aportaciones de la  psicoterapia y el coaching al servicio de la inteligencia emocional adquieren una mayor relevancia. 

La comprensión  holista de la persona, una revisión en la que emociones, cuerpo y mente se relacionan y conforman una unidad va de la mano del concepto enfermedad psicosomática. Esto es especialmente importante en enfermedades crónicas (p. ej. alergias, fibromialgia) , degenerativas (p. ej. alzheimer, Parkinson),  y las más alarmantes como el cáncer

Resignación, impotencia, frustración y otros sentimientos afines acompañan a los afectados por una de estas dolencias, sin embargo, el desaliento puede modificarse por esperanza, serenidad y otros sentimientos y estados emocionales que pueden ser valiosos coadyuvantes de la sanación física y global,  ¿cómo...? 


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Tres emociones básicas en la enfermedad

Miedo, Rabia y Tristeza,  son tres de las emociones básicas que pueden teñir el estado emocional de un enfermo. Cada una de ellas deriva en estados emocionales y sentimientos afines; a primera vista podemos considerarlas como negativas, sin embargo, bien canalizadas y entendidas cumplen una misión fundamental en la supervivencia y pueden ser alquimizadas para extraer la sabiduría que contienen.

No se puede, como algunos pretenden, cambiar de la noche a la mañana el miedo por valentía, ni la rabia por la paz o la tristeza por alegría;  conseguir este resultado final es posible, pero requiere un proceso personal que empieza por conocer la función y posibilidades de cada una de estas tres emociones básicas. Examinemos someramente cada una de ellas:  

- El Miedo por las consecuencias futuras, especialmente en enfermedades graves o crónicas. El miedo despierta en nosotros el instinto de protección, a través del  enfrentamiento o la huida. Una evaluación lo más realista de la situación hará que escojamos, sabiamente o no, una de las dos opciones. 

- La Rabia por la injusticia vivida como tal, genera interrogantes y pensamientos del tipo  “¿Por qué a mi...?”. La rabia induce hacia la destrucción, la irascibilidad, incluso el sarcasmo o la ironía, sin embargo su  energía puede conducir hacia la acción enérgica y decidida para cambiar la situación.  

- La Tristeza, el sentimiento de pérdida e incluso de duelo por la salud y vitalidad perdida. Bien canalizada nos conduce hacia la interiorización, integración y reflexión para, desde la aceptación,  encontrar la fortaleza y  recursos necesarios en nuestro interior.  

Dependiendo de las tendencias personales innatas y adquiridas, existen tres tipologías básicas derivadas de las tres emociones anteriormente citadas. Cada una de estas tipologías constituyen una especie de tamiz a partir del cual seleccionamos e interpretamos emocionalmente todas y cada una de nuestras experiencias y, muy especialmente, la enfermedad. 

Tipología

- Deprimido: En el deprimido los mecanismos de selección (en la percepción y la memoria especialmente) e interpretación (pensamientos e imaginación sobre todo) se orientan hacia la pérdida. La emoción dominante es la tristeza

- Ansioso: El ansioso elige el tamiz del miedo; selecciona recuerdos y evidencias externas que le acercan al sentir del peligro, del mismo modo interpreta su experiencia a través de pensamientos automáticos recurrentes y fantasías  amenazantes. 

- Colérico:  La rabia por lo que interpreta es una injusticia constituye el filtro a través del cual selecciona sus percepciones y recuerdos y  construye sus imágenes y  diálogo interno.   

Si bien la tipología descrita es una generalización, cualquier persona, y muy especialmente el enfermo ante el reto de su enfermedad,  haría bien en explorar su tendencia más marcada. Cabe destacar que ni el miedo, ni la tristeza ni la rabia son malas en sí, solo depende de la dirección en la que decidamos canalizar su energía.  Unos interrogantes preliminares son los que nos pueden ir encaminando:    

- ¿Huyo ante la enfermedad (o posibilidad de ella) o bien decido enfrentarla y poner los medios adecuados?  (Miedo) 

- ¿Me repito una y otra vez lo injusto de mi enfermedad o bien emprendo una acción enérgica y decidida?  (Rabia) 

- ¿Me entristezco y deprimo ante la enfermedad, o bien interiorizo tratándome con el amor necesario para encontrar mis recursos y fortaleza interna? (Tristeza). 

Tomar conciencia es un primer paso para integrar creativamente el mundo emocional.  

En el próximo artículo trataremos el papel del dolor y el sufrimiento.... 

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