lunes, 14 de mayo de 2012

Inteligencia emocional y enfermedad III: Resignación y aceptación; ambición y resentimiento.

Aceptación y paz

Consulta de Coaching y Psicoterapia (Gestalt, PNL, Hipnosis Ericksoniana…) en Sabadell. 

Vimos en el anterior artículo cómo podemos relacionarnos con las dos dimensiones permanentes de la experiencia humana, facticidad y posibilidad, dando paso con ello a cuatro estados de ánimo, aceptación - resignación - ambición - resentimiento.

Es importante diferenciar el término estado de ánimo, no se trata de una emoción que, por su carácter básico e inmediato, suele ser pasajera aun cuando sea intensa. El estado de ánimo es una predisposición anímica permanente que funcionan como si tuviéramos unas gafas de color a través de las cuales interpretamos el mundo e incluso a nosotros mismos, de un modo más o menos automático.

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Todos conocemos personas que en su actitud y corporalidad delatan tristeza, rabia, miedo o incluso alegría permanentes, como una especie de “toque distintivo”  que hace que toda su experiencia vital se vea tamizada por uno de estos estados de ánimo. En esta ocasión veremos los dos estados de ánimo limitantes (resignación-resentimiento) y los posibilitadores (aceptación - entusiasmo) más típicos de la enfermedad.


Resentimiento.  

Etimológicamente re-sentir es volver a sentir, y está asociado generalmente a una experiencia que reproduce en nosotros la rabia por lo que interpretamos es una injusticia. La rabia es una emoción legítima como tal, sin embargo, cuando se recrea a través de pensamientos automáticos que tienden a perpetuarla, nos volvemos una y otra vez sobre el mismo estado improductivo.

Dijimos en un anterior artículo que la rabia, bien dirigida,  tiene en su interior una carga energética importante que puede conducirnos hacia una actividad productiva.  Lo peor del resentimiento es que esa carga energética queda encapsulada, retenida y dirigida hacia dentro, y se “invierte” en oponernos a la facticidad del hecho de la enfermedad.

Es habitual buscar “culpables”, a veces reales, otras tan abstractos como el “destino” o la “vida”, del mismo modo que es también habitual el no formular una queja clara y explícita al culpable real,  de existir este.

Resignación.

El diálogo típico del resignado se sostiene en la coletilla del   “sí, pero....” y, aunque no siempre sea aparente, es la contrapartida del resentimiento, en el sentido que tanto el uno como el otro se sustentan en la negación de la posibilidad de hacer algo productivo, aun cuando este algo productivo sea el aceptar el destino, si este es inevitable, desde la paz.

La resignación suele ser una excusa autocompasiva, a través de la cual negamos la acción necesaria para vivir más felizmente, o con menos sufrimiento. En ocasiones (aunque no siempre) la resignación esconde una actitud infantil que tiende a llamar la atención de otras personas a las que otorgamos un rol superior.

Resignación y resentimiento nos conducen hacia el sufrimiento innecesario.


Aceptación.

Es, bajo mi punto de vista, el más difícil de asumir cuando se presenta como la única alternativa. Es el contrario del resentimiento por cuanto en su fondo reside la paz. Pudiera parecerse a la resignación, pero va mucho más allá. La aceptación es una asunción radical y en paz de lo que no puede modificarse; a veces son asuntos parciales como por ejemplo el asmático que se ve obligado a depender de un inhalador, otras veces la aceptación obliga a integrar sucesos futuros más definitivos.

Puede ser también el punto de partida para iniciar un proceso de sanación desde el siguiente estado,  la ambición de seguir hacia delante. Como suele decirse en psicoterapia y coaching, la aceptación es el primer paso, pero no siempre es el único.

Ambición.

La ambición es el opuesto de la resignación aunque suele ser el paso siguiente de la aceptación. En la resignación me condeno a mí mismo a creer que no hay siquiera un margen posible de mejora, incluso en el aspecto anímico. Aceptar que esa visión es un aspecto parcial y una interpretación personal puede ser un progreso inicial para ampliar la mirada, incluso con ayuda externa, a otras posibilidades de intervención.

La ambición dispone de la energía para dirigirse hacia un futuro mejor y con nuevas posibilidades, aun cuando eso requiera alejarse de la comodidad (que suele ser otras de las excusas encubiertas de la resignación).

Veremos en un sucesivo artículo cómo reconocer e intervenir para, en la medida de lo posible

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sábado, 12 de mayo de 2012

Inteligencia emocional y enfermedad II - Dolor y Sufrimiento

Inteligencia emocional y enfermedad


Consulta de Coaching y Psicoterapia (Gestalt, PNL, Hipnosis Ericksoniana…) en Sabadell. 


“Señor, concédeme serenidad para aceptar
las cosas que no puedo cambiar, 
valor para cambiar las cosas que si puedo, 
y sabiduría para reconocer la diferencia”


Jung dijo en una ocasión que  es preciso diferenciar entre el dolor legítimo y el sufrimiento neurótico.

El dolor es una señal con la que el cuerpo o la psique nos informa sobre una pérdida o menoscabo en la corporalidad o la emocionalidad; el sufrimiento tiende a la perpetuación de ese dolor mediante un diálogo limitante, auto referente y recurrente.
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Explorando el dolor legítimo, aceptamos la información  e indagamos alternativas. A través del sufrimiento, caemos en la resignación o el resentimiento, ambos improductivos.
El dolor y el sufrimiento se mueven en dos dimensiones permanentes de la existencia humana a saber; FACTICIDAD Y POSIBILIDAD respectivamente.

- FACTICIDAD. Una frase muy actual ilustra lo que es Facticidad:  “Es lo que hay”. En términos más técnicos, por facticidad se entiende todas las dimensiones de la vida permanentes y no sujetas a cambio, sea lo que sea que se haga al respecto.  Se distinguen dos grandes tipos de facticidad:

- Facticidad histórica:  Es aquella cuyos límites vienen marcados por el momento histórico que nos toca vivir, por ejemplo hoy en día está descartado que un astronauta viaje más allá del sistema solar, no es de extrañar sin embargo que en un futuro más o menos próximo, ese viaje sea posible.

Facticidad ontológica: Con dos dimensiones: Una primera que nos informa sobre la imposibilidad de cambiar los hechos tal y como sucedieron en el futuro; hago un especial énfasis en los hechos, no en las interpretaciones, aprendizajes, reacciones etc... que esos hechos que ya ocurrieron provocan en nosotros y condicionan  el modo enriquecedor o limitante en que vivimos el pasado.
Otra dimensión es la que nos concierne en este pequeño estudio, la que viene definida por los límites de nuestro cuerpo (o lo que hasta ahora interpretamos como límites fácticos) y por lo tanto su envejecimiento, posibilidades y finitud; por ejemplo, es imposible adquirir competencias de corredor de 100 mts. libres para competir y ganar una olimpiada a los 80 años.
Es precisamente en este terreno donde más se está empezando a discutir los límites de nuestro cuerpo cuando enferma , en fución del tipo de tratamiento y, sobre todo, atendiendo a una variable ya admitida, tanto por los métodos alópatas como por las nuevas tendencias en salud, se trata de la emocionalidad y estado de ánimo del enfermo como un factor importante en el proceso de sanación.
Por otra parte, los avances en medicina tradicional y holística hacen que estos límites sean cada vez más amplios.  Atendiendo a este aspecto de los límites de la facticidad ontológica del cuerpo (y otros supuestos fácticos)  aparece la segunda dimensión permanente de la condición humana:

- LOS JUICIOS DE POSIBILIDAD: Aquello que creemos que habita en el campo de lo sujeto a modificación y posibilidad de mejora. Es nuestra interpretación sobre los hechos de la realidad y las posibilidades que les vemos. Simplificando y yo diría que hasta caricaturizando mucho, existen dos grandes grupos característicos, los pesimistas irreductibles y los optimistas visionarios.

¿Cuál es pues un punto de vista que no nos acerque a un optimismo ajeno a la realidad ni a un pesimismo mórbido y limitante? Para mi está en el dominio de la emocionalidad,  volvemos al tema del dolor y el sufrimiento.

Por dolor entiendo la consecuencia de la herida física o psicológica cierta y que requiere de un tiempo para su sanación. El sufrimiento lleva aparejada la fantasía y la imaginación más allá de la presencia cierta del dolor; a menudo el sufrimiento viene aparejado del temor, la evasión de la responsabilidad, la búsqueda ineficaz y recurrente de justificaciones etc...

Para entender mejor dónde podemos construir unos límites personales y definir nuestras alternativas volvamos a los conceptos de facticidad y posibilidad. A cada una de estas dos dimensiones podemos oponernos o aceptar en función de lo que interpretamos en cada caso se trate de una facticidad o bien un juicio de posibilidad, dando lugar a cuatro posibilidades.

La Paz y el Resentimiento son estados de ánimo que vienen de la aceptación sincera y coherente de una facticidad o de la oposición radical respectivamente. Imaginemos que enfrentamos una enfermedad con diagnóstico poco esperanzador; aunque se trate de  estados de ánimo teóricos, a los que no se accede fácilmente, la paz viene de la aceptación de la enfermedad (un hecho cierto e irrefutable, la verdad de la enfermedad), lo contrario a esta paz sería el resentimiento  que nace de oponerse, no aceptar humildemente los límites del cuerpo.

Tras la aceptación de este hecho factual (la realidad de la enfermedad y su diagnóstico) podemos decidir aceptar explorar en el terreno de la posibilidad para investigar con ambición posibilidades de sanación (segundas opiniones, otras alternativas...) o bien oponernos a esa posibilidad, esto último, si no es a partir de una paz total (fruto de la aceptación incondicional de la enfermedad), nos conduce a la resignación.

En este modelo, el enfermo decide en qué medida asume su libertad individual para abrazar la posibilidad o facticidad de su enfermedad, atendiendo a la coherencia o no de los estados de ánimo resultantes al final.

En el próximo artículo examinaremos con algo más de detenimiento estos cuatro estados de ánimo.

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domingo, 6 de mayo de 2012

Inteligencia Emocional y Enfermedad

Inteligencia emocional y enfermedad

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Cada vez más se atiende al aspecto emocional de las enfermedades de aparente origen físico, en este sentido las aportaciones de la  psicoterapia y el coaching al servicio de la inteligencia emocional adquieren una mayor relevancia. 

La comprensión  holista de la persona, una revisión en la que emociones, cuerpo y mente se relacionan y conforman una unidad va de la mano del concepto enfermedad psicosomática. Esto es especialmente importante en enfermedades crónicas (p. ej. alergias, fibromialgia) , degenerativas (p. ej. alzheimer, Parkinson),  y las más alarmantes como el cáncer

Resignación, impotencia, frustración y otros sentimientos afines acompañan a los afectados por una de estas dolencias, sin embargo, el desaliento puede modificarse por esperanza, serenidad y otros sentimientos y estados emocionales que pueden ser valiosos coadyuvantes de la sanación física y global,  ¿cómo...? 


Cómo aumentar la memoria, de forma natural y fácil
Tres emociones básicas en la enfermedad

Miedo, Rabia y Tristeza,  son tres de las emociones básicas que pueden teñir el estado emocional de un enfermo. Cada una de ellas deriva en estados emocionales y sentimientos afines; a primera vista podemos considerarlas como negativas, sin embargo, bien canalizadas y entendidas cumplen una misión fundamental en la supervivencia y pueden ser alquimizadas para extraer la sabiduría que contienen.

No se puede, como algunos pretenden, cambiar de la noche a la mañana el miedo por valentía, ni la rabia por la paz o la tristeza por alegría;  conseguir este resultado final es posible, pero requiere un proceso personal que empieza por conocer la función y posibilidades de cada una de estas tres emociones básicas. Examinemos someramente cada una de ellas:  

- El Miedo por las consecuencias futuras, especialmente en enfermedades graves o crónicas. El miedo despierta en nosotros el instinto de protección, a través del  enfrentamiento o la huida. Una evaluación lo más realista de la situación hará que escojamos, sabiamente o no, una de las dos opciones. 

- La Rabia por la injusticia vivida como tal, genera interrogantes y pensamientos del tipo  “¿Por qué a mi...?”. La rabia induce hacia la destrucción, la irascibilidad, incluso el sarcasmo o la ironía, sin embargo su  energía puede conducir hacia la acción enérgica y decidida para cambiar la situación.  

- La Tristeza, el sentimiento de pérdida e incluso de duelo por la salud y vitalidad perdida. Bien canalizada nos conduce hacia la interiorización, integración y reflexión para, desde la aceptación,  encontrar la fortaleza y  recursos necesarios en nuestro interior.  

Dependiendo de las tendencias personales innatas y adquiridas, existen tres tipologías básicas derivadas de las tres emociones anteriormente citadas. Cada una de estas tipologías constituyen una especie de tamiz a partir del cual seleccionamos e interpretamos emocionalmente todas y cada una de nuestras experiencias y, muy especialmente, la enfermedad. 

Tipología

- Deprimido: En el deprimido los mecanismos de selección (en la percepción y la memoria especialmente) e interpretación (pensamientos e imaginación sobre todo) se orientan hacia la pérdida. La emoción dominante es la tristeza

- Ansioso: El ansioso elige el tamiz del miedo; selecciona recuerdos y evidencias externas que le acercan al sentir del peligro, del mismo modo interpreta su experiencia a través de pensamientos automáticos recurrentes y fantasías  amenazantes. 

- Colérico:  La rabia por lo que interpreta es una injusticia constituye el filtro a través del cual selecciona sus percepciones y recuerdos y  construye sus imágenes y  diálogo interno.   

Si bien la tipología descrita es una generalización, cualquier persona, y muy especialmente el enfermo ante el reto de su enfermedad,  haría bien en explorar su tendencia más marcada. Cabe destacar que ni el miedo, ni la tristeza ni la rabia son malas en sí, solo depende de la dirección en la que decidamos canalizar su energía.  Unos interrogantes preliminares son los que nos pueden ir encaminando:    

- ¿Huyo ante la enfermedad (o posibilidad de ella) o bien decido enfrentarla y poner los medios adecuados?  (Miedo) 

- ¿Me repito una y otra vez lo injusto de mi enfermedad o bien emprendo una acción enérgica y decidida?  (Rabia) 

- ¿Me entristezco y deprimo ante la enfermedad, o bien interiorizo tratándome con el amor necesario para encontrar mis recursos y fortaleza interna? (Tristeza). 

Tomar conciencia es un primer paso para integrar creativamente el mundo emocional.  

En el próximo artículo trataremos el papel del dolor y el sufrimiento.... 

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