martes, 31 de enero de 2012

El lenguaje corporal I

Comunicación no verbal chico-chica ¿tópico o verdad?
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“Lo que estás haciendo habla tan alto que no oigo lo que dices”
Emerson

Según Albert Mehrabian, profesor de la Universidad de California, el alcance de una presentación depende de tres variables que, porcentualmente, tienen el siguiente impacto:

- Lenguaje corporal 55%
- Tono de voz 38%
- Palabras 7%

Contrariamente a lo que cabría esperar,  el contenido del mensaje es la variable menos influyente con un 7%; podríamos decir que el lenguaje corporal y el tono de voz imprimen vida a las palabras, especialmente cuando existe coherencia entre los tres aspectos reforzándose mutuamente. En el lenguaje corporal existen varios elementos a considerar.

La apariencia

Sabemos que la primera impresión tiene un alcance difícil de corregir o mejorar, y en ello la apariencia externa juega un papel fundamental. El comunicador debe conjugar dos variables, ¿qué quiere comunicar con su apariencia? y el público asistente. Comunicamos aún sin saberlo ni quererlo,  y la apariencia externa es uno de los primeros canales en los que nuestra comunicación entra en juego.

Cómo mejorar la autoestima
 El contacto visual

Cuando alguien nos interesa, mantenemos un contacto visual prolongado (salvo problemas de timidez), a efectos de influencia sin parecer intrusivo, se recomienda un contacto visual de cinco segundos.

Si se trata de una presentación ante un público numeroso,  es recomendable dividir la audiencia en tres o cuatro secciones, para establecer sistemáticamente contacto visual con personas de cada sección, en fracciones de tiempo similares.  Es posible incluso seleccionar a ciertas personas del público cuya presencia pueda parecernos más receptiva y amistosa.

Aun cuando sea para interiorizar antes de dar una respuesta, no es buena idea mantener los ojos cerrados durante unos segundos; esta práctica que algún político ha empleado supongo que como hábito arraigado, rompe el contacto visual del comunicador con su público, mantener el contacto visual  es vital, tanto para no perder las señales de interés o aburrimiento y poder corregir sobre la marcha, como para mantener la expectación del público.

Una buena práctica, antes de empezar la presentación, es la de establecer contacto visual previo con la mayor parte de los asistentes.

La postura

Aunque no lo parezca, la postura y el movimiento hablan por nosotros más alto que lo que decimos, y es por este motivo que es doblemente peligroso. Se recomienda una postura centrada, alineada y erguida, con el peso repartido en los dos pies, evitando oscilaciones, balancearse de un lado a otro o alternar con una cadencia más o menos rápida el peso del cuerpo de una pierna a otra. Cuidar especialmente que el cuello no pierda la línea recta. 

En algunos casos es recomendable el asesoramiento de un terapeuta corporal; el actor australiano F. Mathias Alexander (1869 - 1955) desarrolló la llamada técnica Alexander (un método de reeducación postural que implica mayoritariamente a la columna) cuando decidido investigar el motivo por el cual iba perdiendo calidad y potencia de voz. Después de investigar sobre él mismo, descubrió que ahogaba su propia voz debido a una inclinación hacia atrás y abajo con la que forzaba su glotis.  Puede ayudar visualizarse a uno mismo en la postura y movimiento deseado y la imagen de un cuerpo que se va alargando y alineando correctamente.

Los ademanes y los gestos

La gestualidad debe basarse en la espontaneidad y la naturalidad; debe estar al servicio del mensaje, apoyando, enfatizando, subrayando, pero no debe ocupar el espacio protagonista; evitar, en la medida de lo posible sin perder naturalidad, una excesiva gesticulación.

Cuidar los hábitos nerviosos y procurar eliminarlos uno a uno, pellizcarse la nariz, rascarse la cabeza, jugar con un mechón de cabello o con un bolígrafo pueden ser gestos repetitivos que distraen la atención del interlocutor.

El espacio

Evitar la imagen de inhibición propia de algunos comunicadores que se atrincheran en un ángulo o lugar del espacio disponible. El espacio físico que se utiliza es una metáfora del espacio vital interno que se emplea; sentirse libre para desplazarse en ese espacio, transmite mayor vitalidad y ayuda a mantener la atención.

Seguirá en próximo artículo 

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viernes, 20 de enero de 2012

El significado de las palabras y las experiencias objetiva y subjetiva

Significado de palabras y confusión de significados
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“En un lugar, no sé dónde
había no sé qué santo,
que rezando no sé qué,
ganaba no sé cuánto....”

La comunicación, un valor importante en las relaciones sociales, facilita establecer, mantener y consolidar vínculos sinceros y confiables de gran ayuda en las esferas personal y profesional.     

Te invito a que consideres la siguiente frase “El gato saltó por la ventana”... sencillo, ¿no?... ahora prueba a decir esta frase a unos cuantos conocidos tuyos, seguidamente les  preguntas...

¿De qué raza es el gato?
¿Es grande o pequeño?
¿Gato o gata?
¿Y la ventana, a qué habitación pertenecía?
¿Era un primer, segundo, tercer, cuarto piso...?
 Si el gato saltó por la ventana... ¿dónde cayó...? y así con cuantas preguntas se te ocurran... 

Cómo vencer la timidez, tener éxito en las relaciones sociales
A buen seguro que recibirás muchas respuestas, algunas parecidas pero casi todas distintas...


Imagina que dices ¡¡Llueve!! y te escuchan un campesino y un cartero... supongo que la sola expectativa de lluvia despertará en uno buenas noticias y en el otro un día molesto de trabajo...

Hasta ahora hemos tratado con palabras referidas a hechos específicos, datos sensorialmente reconocibles...

Define la palabra libertad y pide a alguien más que la defina, sigue con palabras como honestidad, dignidad... palabras referidas a valores y cualidades más abstractas. Es probable que las discrepancias vayan en aumento...

Las palabras tienen la capacidad de evocar imágenes, recuerdos, asociaciones, valores, conceptos anclados en nuestra experiencia interna, subjetiva. Y si bien una palabra es una  convención asociada a un significado en cada cultura, no siempre está claro a qué experiencia interna individual se refiere. El significante (los signos gráficos en cuanto convenciones que expresan una palabra en un idioma concreto) de cada palabra nos remite a una Estructura Superficial, mientras que el Significado nos dirige hacia la Estrucura Profunda (imágenes y experiencia subjetiva individual). Además, muchas, de las palabras están asociadas a creencias profundas.

El jefe le dice al colaborador... – “póngase en contacto con el responsable de almacén” y el colaborador envía un mail... pero el jefe, en realidad, estaba pensando en que le llamara por teléfono...y, claro se produce una demora en la respuesta. En esta conversación la tensión puede aparecer por no haber quedado claramente especificada la orden... y así podríamos seguir con multitud de ejemplos, cada vez más complicados a medida que se sume complejidad en la comunicación y/o reiteración de los “malos entendidos”

La excelencia en la comunicación no viene dada solamente por las competencias lingüísticas,  sino también en la capacidad de intuir qué significa interiormente para el interlocutor aquello que está diciendo él,  o el impacto interno subjetivo que supone en él lo que nosotros decimos... y no sólo eso, hasta ahora he hablado solamente de la parte lingüística del acto de la comunicación, no olvidemos la influencia de la comunicación no verbal, corporalidad, postura, movimiento, mirada, tono, cadencia de voz y muchos otros aspectos de los que difícilmente somos conscientes cuando somos nosotros los que hablamos.

Todo acto de comunicación es la expresión de una estructura profunda que se refiere a la experiencia subjetiva de quien comunica, experiencia interna que, a veces, no está clara ni para quien habla... si bien ese sustrato profundo sigue existiendo ahí.

En el transcurso de esta experiencia interna hasta la estructura superficial idiomática, una serie de transformaciones hacen del acto de comunicación algo más operativo, pero también más impreciso; esa imprecisión la salva el interlocutor con contenidos de su propia experiencia interna, contenidos subjetivos que pueden asemejarse o ser radicalmente distintos y que, a mayor abundamiento obedecen a un proceso inconsciente.

Te invito a un sencillo ejercicio, afronta la próxima conversación que compartas con alguien con un cuestionamiento...

- ¿Qué interpreto yo automáticamente de lo que mi interlocutor me comunica...?       
 -¿Qué creo que quiere decir él/ella  exactamente, específicamente,  con esta palabra, frase, gesto...?  

Observa cuál es la diferencia.

Esta es una práctica introductoria al “ejercicio de la imagen construida”, un ejercicio que, junto con otras técnicas sirve para adecuar de la mejor manera posible la conexión sutil con tu interlocutor.  

Ahora imagina que te planteas un objetivo y alguien te pregunta...

¿Cómo sabrás que lo has alcanzado...?  ¿hacia dónde te dirige esta pregunta...?

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